¡Brutal! La blasfemia contra Jesús del Presidente de Colombia, por Francoscomentarios
“Jesús hizo el amor, sí. A lo mejor con María Magdalena, porque un hombre así sin amor no podía existir. Y la mujer lo apoyó hasta el último momento; y él no murió como Bolívar, murió rodeado de las mujeres que lo amaban. Y eran muchas.”, dijo el Presidente de Colombia Gustavo Petro.
Sí, sí, no reneguemos, ya lo hice por ustedes. Pero ya más calmado tomo el teclado y empezamos ya.
Esto no fue una reflexión teológica ingenua, ni una provocación poética, ni un comentario “existencial”.
Fue algo más peligroso: proyectar sus propias bajas pasiones sobre Jesús.
Solo los incapaces piensan que no hay capaces.
Porque aquí hay una confusión grande de confundir amor con sexo,
y reducir a Jesús a nuestras categorías modernas,
como si fuera un personaje de telenovela que “necesita romance para ser completo y dé rating”.
Sr. Presidente, Jesús sí amó.Y amó con una intensidad que asusta:
– tocó leprosos
– lloró amigos muertos
– perdonó traiciones
– sostuvo miradas que devolvían dignidad
– amó hasta quedarse sin fuerzas
– amó hasta perdonar clavos
– amó hasta lavar pies ajenos
– y perdona blasfemias.
Decir que Jesús “tuvo que” vivir una relación sexual para ser humano es, en el fondo, no entender qué es la humanidad verdadera ni lo que enseña la Iglesia Católica.
Porque Jesús no vino a repetir nuestros impulsos, sino a redimirlos.
No fue menos hombre por vivir en castidad.
Fue más libre.
Más entero.
Más dueño de sí.
A veces pareciera que nos incomoda un Cristo que no entra en nuestras categorías.
Nos queda demasiado grande.
Demasiado radical.
Demasiado libre.
Entonces lo reducimos.
Lo explicamos.
Lo humanizamos… quitándole lo más humano que tenía: su capacidad de amar sin poseer.
Pero los cristianos también tenemos derecho —y deber— de defender nuestra fe,
porque no basta golpearnos el pecho y decir: «no hay que hacerle caso ni agrandar el tema», «no es de cristianos responder». Claro que es de cristianos defender y aclarar nuestra fe porque Cristo llama a la verdad. Defendemos nuestra fe no para imponerla, sino para que no sea deformada. No para pelear, sino para que la verdad no sea reemplazada por la mentira. No por odio, sino por amor a Cristo.
Callar frente a la blasfemia no es humildad.
Es abandonar aquello que decimos creer.
Y una fe que no se defiende cuando es atacada… termina diluyéndose como sal sin sabor.
Defender la fe no es fanatismo. Es dignidad.
Y como es de cristianos enseñar con verdad y corrigiendo con fraternidad, le cuento que no existe ningún texto, ni canónico ni apócrifo, que sugiera que Jesús haya tenido relaciones sexuales con María Magdalena. Esa idea proviene de El Código Da Vinci, que no es una fuente histórica ni teológica, sino una novela moderna de ficción que usted hace eco blasfemo.
Porque el problema no es que Jesús no haya hecho el amor.
El problema es que nosotros ya no sabemos amar sin hacerlo.
No lo baje a su nivel para sentirse cómodo. No haga una religión a su medida.
Mejor dejemos que Jesús incomode.
Y eso, en una cultura obsesionada con el deseo sexual y de poder, es insoportable.
Sr. Presidente, Jesús no “tendría que” parecerse a usted para ser real.
En vez de hablar blasfemias sobre Jesús, nos encantaría ver a este Presidente construir una Colombia distinta: sin violencia, sin narco-Estado y con futuro.
Una Colombia que produzca más arte que escándalo, más talento que ruido barato.
Una Colombia que, como cantaría Shakira, deje de “ciegarse, sordarse y mudarse” frente a lo esencial.
Porque gobernar no es improvisar discursos ni hacer el ridículo…
es poner el corazón donde está el país, no donde suena el aplauso barato y pagado.
Por: «Franco…el que es fanático de la ‘Ira santa’ y la ‘ducha helada’ en momentos como este».

Periodista y director de Perú Católico. Escribe en su sección Francoscomentarios, un espacio donde la fe piensa, opina y no se queda callada.

