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‘Es más importante enseñar las virtudes que condenar los vicios’, por P. Johan Leuridan

‘Es más importante enseñar las virtudes que condenar los vicios’, por P. Johan Leuridan

 “Es más importante enseñar las virtudes que condenar los vicios” (Spinoza).

Tomás de Aquino señala que la justicia sin amor es crueldad. Él introdujo en la filosofía de Aristóteles el mensaje evangélico del amor que Dios manifestó en su Hijo como el sentido de la vida. Solo el hombre que ama se preocupa en cumplir con todas las virtudes porque busca el bien de todos. Un hombre sin amor buscará los derechos solo cuando conviene a él, a su grupo o a su partido. Sin el amor la justicia puede convertirse en venganza y explotación. No se puede reclamar mis derechos a costa de los demás. El amor espiritual es la voluntad de buscar y hacer el bien.

La experiencia humana conoce desarrollo, realizaciones, satisfacciones, alegrías, pero también fracasos, dolores e injusticias. La experiencia cristiana nos permite descubrir el amor de Dios que nos creó y nos ayuda a realizarnos y también nos salva de la desesperación. La ética sin conciencia de la presencia divina puede terminar en egoísmo porque todo termina en esta vida. Finalmente, la ética no me resuelve todos los problemas. De esta manera la ética pierde la felicidad del amor donde el amor de Dios y el amor del ser humano forman una unidad. Nuestro amor al ser humano es un reflejo del amor de Dios en el hombre. Hemos recibido nuestra conciencia.

Los seres humanos encuentran en sí mismos, en su conciencia, los valores que deben traducirse en normas para su comportamiento y para sus relaciones con los demás para construir una sociedad nueva.

Sin embargo, vivimos en un mundo donde predomina el interés científico- tecnológico al servicio de la producción, venta, compra de bienes materiales y distracciones. Esta realidad materialista desplaza el interés por los valores que constituyen las relaciones humanas y promueve un relativismo. La publicidad necesita un pluralismo, es decir, una enorme variedad de opiniones. No conviene personas que tengan una opinión inspirada en los valores porque ellas podrían relativizar la nueva ideología que pretende que solo la ciencia y la tecnología lograrán satisfacer a los hombres. No pueden permitir que se cuestione la manipulación del deseo egoísta de compras obsesivas. La realidad tal como se presenta es la norma intocable. Se critica y destruye toda otra propuesta. Uno de los métodos consiste en no mencionar cualquier referencia a las religiones en los medios. El amor, la justicia, la solidaridad, la generosidad, el agradecimiento, la compasión, la fortaleza etc. no aparecen en los mensajes de las autoridades y de los medios de comunicación. 

El hombre se vuelve cínico, desengañado porque tiene como única meta adaptarse a la realidad. Se obliga al hombre someterse a la situación sin valores donde prevalece un solo valor: el poder.

Cuando hablamos de una “buena persona”, de una persona confiable, nos referimos a alguien que siempre busca el bien en diferencia con el hombre fingido que busca solamente su propio interés. Decimos fingido porque se acomoda a las personas y las instituciones.

Para el animal el ambiente natural tiene solamente sentido para su interés biológico. El hombre, al contrario, trasciende esta relatividad porque tiene la capacidad de conocer   a los demás y a las cosas en si mismas, a lo que son objetivamente. El adiestramiento del animal se consigue por la introducción de los llamados reflejos mientras que para la educación del ser humano se presenta el sentido de las normas y  se invoca al sujeto de reconocer y cumplir libremente el valor de estas. El hombre se educa así mismo cuando reconoce y decide aplicar las normas. El ser humano como autónomo puede tomar conciencia de sí mismo. La ética no es en primer lugar criticar a los demás sino asumir su propia libertad y responsabilidad.

La ética se ocupa de la vida humana visto “dese dentro”, en su intención. El deseo del bien, los valores, los ideales y la conciencia fundamentan las normas. No se puede crear un nuevo orden mundial solo con leyes o reglamentos. El derecho sin ética no tiene a lo largo consistencia. La consecución de la paz y de la justicia depende de una conciencia y actitud previas a las responsabilidades y obligaciones. La razón y la voluntad tienen la capacidad para definir los fines o los ideales que expresan la dignidad humana. Los talentos como la inteligencia, la memoria, la fuerza física, el bienestar material, etc. No tienen ningún valor moral, como ya lo enseñaron Aristóteles y Kant. La dignidad del hombre de su uso del talento para el bien.

El hombre de la sociedad actual tecnócrata entiende y organiza su vida y de la sociedad a partir de la razón instrumental.

Lo que caracteriza a una experiencia es entender una cosa, descubrir su sentido. Surge entonces la pregunta: ¿Cuál es el criterio que nos permite juzgar lo que vemos suceder en nosotros? La razón abierta a toda la realidad lo encuentra en nuestra naturaleza. Como afirma el teólogo L.Giussani esta experiencia original es un conjunto de evidencias y exigencias. Cualquier afirmación o juicio tiene lugar a partir de una confrontación de todo lo que existe con los grandes valores dentro de uno. Podemos llamarlos verdad, justicia, belleza, amor.

La ética mundial se dirige particularmente a la responsabilidad de cada uno en su puesto en la sociedad, y muy especial de los dirigentes políticos, económicos y culturales.

Y la fe en Dios es más que ética. Sin embargo, hay un nexo profundo entre fe y ética.

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