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80. La Facultad de Teología en tiempos de la Independencia

80. La Facultad de Teología en tiempos de la Independencia

Perú Católico, líder en noticias rumbo al Bicentenario de la Independencia. Este artículo es escrito por el Doctor e Historiador José Antonio Benito.

En la actualidad, nos encontramos con tres instituciones claramente diferenciadas: El Seminario de Santo Toribio, la Facultad de Teología y la Universidad San Marcos. Sin embargo, en sus cuatro siglos de historia han vivido etapas en que sus vidas se fundían (¿también se confundían?) e identificaban, no sólo por compartir local -calle san Francisco- sino autoridades, profesores y alumnos. Baste con recordar que don Hernando de Guzmán, primer Rector del Seminario de Santo Toribio, durante tres periodos fue rector de San Marcos. Por tanto, no nos extraña que hace 200 años las tres instituciones recaían en la misma persona: el Dr. P. Ignacio Mier, quien, por la misma razón, fue protagonista de la declaración de Independencia en sendas corporaciones. el responsable máximo

  Desde su fundación en la Universidad de San Marcos el primer puesto del claustro se reservó a la Facultad de Teología. Las otras facultades eran las de Derecho Civil (Leyes), Derecho Canónico (Cánones), Artes y Medicina. Las cátedras más importantes en Teología eran la de Prima o Teología escolástica, la de Sagrada Escritura, Vísperas y Nona. Cátedras de Sagrada Escritura. En la Universidad de San Marcos, la Facultad de Teología contaba con cuatro cátedras: Prima, Sagrada Escritura, Santo Tomás, Vísperas. Los grados eran de bachiller, licenciado, maestro y doctor. El gobierno de la Universidad corría a cargo del claustro, encabezado por el rector, que era elegido por catedráticos y estudiantes, y que estaba asistido por cuatro consejeros o consiliarios (elegidos del mismo modo), más un procurador general, el secretario y el tesorero.

En Lima existían varios colegios universitarios, convictorios o residencias de alumnos en los que se proporcionaba a una minoría selecta -aparte de alojamiento y comida- una formación esmerada tanto en el aspecto académico, como en el humano y espiritual. El más conocido era el “Colegio Real de San Felipe y San Marcos”; estaba también el de “San Martín “que en 1770 se fusiona con el primero y se convierten en el Real Convictorio de San Carlos; en tercer lugar, estaba el de “Santo Toribio”. Los estudiantes del seminario que aspiraban al doctorado en Teología, llevaban a cabo sus estudios en la Facultad respectiva de San Marcos. Debían asistir a la apertura, clausura, y todos los actos públicos que se verificasen en la Universidad. Por su parte, los profesores de la Facultad de Teología enseñaban los cursos de esta Facultad en el colegio seminario.

Durante el siglo XVIII la Universidad decayó tanto que llegó decir en 1733 el arzobispo de Lima Francisco Antonio Escandón que era “la cosa más inútil” del Perú, acabando por dejar de asistir los seminaristas. Por esta razón, el arzobispo Diego del Corro introdujo un plan de estudios en el Seminario de acuerdo con su pastoral de 4 de noviembre de 1759 y encargando de su aplicación al rector Agustín de Gorrichátegui. Sin descuidar las humanidades, sobre todo el latín, se exigía se diese más importancia a la Sagrada Escritura, al Derecho Canónico, la Teología Moral.

El universal polígrafo peruano José de la Riva Agüero, buen conocedor de la trayectoria histórica de los centros educativos del Perú, evaluará positivamente su reforma: “En el periodo que media entre la expulsión de los jesuitas (1767) y la reforma del Colegio de San Carlos por Rodríguez de Mendoza, el Seminario de Santo Toribio era el centro de la ilustración de la colonia, el foco de los estudios teológicos y filosóficos”.

El humanista peruano L.A. Eguiguren, uno de los mejores conocedores de la universidad sanmarquina enfatiza su rol en el proceso emancipador, gracias a su ubicación en Lima, capital del virreinato peruano:

“Las familias más distinguidas, de todos los ámbitos de América, envían a sus hijos a estudiar en San Marcos o en los colegios más renombrados de entonces: en el Real de San Martín, en el de San Felipe y San Marcos, en el de santo Toribio, en el de San Carlos, todos vinculados a la UMSM. Fue Lima, por tal razón, la capital de la inteligencia de la Colonia. Cuando la Independencia crea la República, en Lima, trabaja activamente la generación de los próceres que formó su espíritu en san Fernando y san Carlos, hijos predilectos de la Universidad de San Marcos

Al final del virreinato y comienzos de la emancipación, el arzobispo De las Heras establece un nuevo plan poniendo “un Maestro de Latinidad y Retórica, dos catedráticos de Filosofía que deben enseñar también la historia de esta facultad y la Álgebra y Geometría tan descuidados antes, que esta es la primera vez que se oyen en los ángulos del Colegio; otros tres de Teología Dogmático-Escolástica, Expositiva y moral con otro de Cánones y Disciplina Eclesiástica”.

La historiadora Águeda Rodríguez Cruz escribirá con acierto que “cuando llegó el momento de la gesta libertadora, la Universidad de Lima tenía preparados a sus dirigentes intelectuales y luego a los estadistas de la República, donde bebieron los principios del respeto a la persona humana, de la libertad en su auténtico sentido, de la verdadera democracia, de lo que Salamanca fue siempre maestra.

Al frente de la Universidad, como rector (l-VII-1819 a 30-VI-1822), así como del decanato de la Facultad de Teología y del propio Seminario Santo Toribio – de 1814 a 1831- se encontraba un gran clérigo, el limeño Ignacio Mier, quien había cursadosus estudios en el propio Seminario, y que se graduó como Licenciado y Doctor en Teología (2-IV-1781) en la Universidad Mayor de San Marcos, donde se desempeñó como catedrático de Prima de Sagrada Escritura. Ejerció su ministerio sacerdotal en el cuarto de Pomabamba (1789-1799), de donde pasó al cabildo metropolitano de Lima, en calidad de canónigo teologal (24-IX-1799); luego fue designado juez hacedor de diezmos (1811), y sucesivamente promovido a las dignidades de maestrescuela (24-IX-1812), chantre (17-111-1813), arcediano (30-1-1814) y deán (9-XH-1824). Por su informe rectoral de 1817, sabemos que los maestros y colegiales eran entonces 62 y los sirvientes 8.

Y aunque sus deberes lo indujeron a establecer un trato amistoso con el virrey, como lo demostró aun después de que éste fuera depuesto en Aznapuquio (29-1-1821), al hacerle frecuentes visitas en su forzado retiro de Magdalena; lo cierto es que ya profesaba el clérigo una decidida adhesión a la causa libertadora. De hecho, fue uno de los firmantes del acta de la independencia (15-VII-1821) en el cabildo de Lima; y, en su calidad de rector, presidió a los miembros del claustro en la sesión durante la cual fue jurada la independencia (30-VII-1821), no sólo de España sino “de cualquiera otra nación extranjera”. La declaración de independencia también llegaría a las aulas sanmarquinas proclamándosela un 30 de julio de 1821, siendo Rector el Dr. Ignacio Mier, quien a su vez era Decano de la Facultad de Teología (1814-1831) y Rector del Seminario de Santo Toribio. He aquí las palabras con que el Dr. Mier invitaba a los colegas del Claustro a prestar el juramento de fidelidad a la patria:

“Me parecería, dijo, hacer agravio a la distinguida penetración y luces de que abundan todos los individuos que componen este Cuerpo, si tomase el empeño de manifestar todas las ventajas que han de resultar a la América en su gobierno independiente de la nación española y de cualquier otra nación extranjera, no sólo en las artes y comercio, sino también en las ciencias, pues libres ya los sabios de que abunda este nuestro suelo de incurrir en la indignación de un gobierno indiscreto y opresor que los obligaba a sofocar aun la idea de lo que son, podrán desplegar toda la sublimidad de sus luces y conocimiento para explicar y defender la alta dignidad de hombres libres, con una libertad sujeta siempre a las leyes y preceptos de nuestra Santa Religión”.

Lo mismo hará en el Seminario. El 30 de julio de 1821, profesores y alumnos prestan, juntamente con el clero diocesano, el juramento de sostener y defender la independencia del Perú y el arzobispo de Las Heras remite el testimonio de lo hecho al Protector San Martín. Tal gesto será correspondido por el Congreso Constituyente del Perú al decretar becas de estudio para facilitar a la «juventud estudiosa, escasa de facultades, los medios de hacer su carrera en la ilustre profesión del foro».( Lima15 de febrero de 1855.)

Foto del autor de esta sección y artículo: Doctor e historiador José Antonio Benito.

*No olvides de ingresar a este enlace en donde encontrarás todos los personajes que forjaron nuestra independencia: https://perucatolico.com/c/la-iglesia-ante-el-bicentenario/

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