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88. Antonio José de Sucre (1795-1830)

88. Antonio José de Sucre (1795-1830)

Perú Católico, líder en noticias rumbo al Bicentenario de la Independencia. Este artículo es escrito por el Doctor e Historiador José Antonio Benito.

Nació en Cumaná (Venezuela), 3.II.1795, hijo del teniente Vicente de Sucre y Urbaneja y de Manuela de Alcalá. Quedó huérfano de madre a los siete años y fue enviado a Caracas al cuidado de su padrino el arcediano Antonio Patricio de Alcalá. Fue allí donde inició en el ejército en el cuerpo de ingeniería, convirtiéndose en 1811 comandante de Ingenieros en la isla Margarita; posteriormente lo será también de artillería en Barcelona.

Combatió en defensa de la primera República en diversos frentes y en 1814 fue Edecán de Mariño, destacándose en la toma de Caracas. Ese mismo año muchos de sus parientes fueron ejecutados por los españoles, principalmente por Boves. En 1816 fue nombrado jefe de Estado Mayor y lo ascendió a coronel. Sin embargo, tras el congreso de Cariaco (8 de mayo 1817) se declaró en rebeldía con el Congreso, rechazando además la autoridad de Mariño, se trasladó a la Guayana, poniéndose a las órdenes de Bolívar, quien le nombró gobernador de la región y comandante general del Bajo Orinoco. A partir de entonces, Sucre figuró ya en el carro de las grandes empresas militares de Bolívar como uno de sus grandes jefes hasta llegar a ser presidente de la Republica en Bolivia.

Más adelante, Bolívar le encargó la misión de trasladarse por mar a Guayaquil (que se había independizado de España en octubre de 1820) y conseguir que aceptase incorporarse a la Gran Colombia, para convertirla en vanguardia de la guerra de liberación de Quito (Ecuador). La empresa tuvo muchos sinsabores; se declaró la incorporación de Guayaquil al Perú y se nombró a La Mar jefe provincial; Sucre señalará que lo importante era vencer a los españoles. Gracias a su intervención obtuvo la gran victoria sobre Aymerich, ganando Quito y propiciando que Guayaquil se uniese a la Gran Colombia.

Bolívar ascendió a Sucre a general de división y le nombró intendente del departamento de Quito. Vencedor en la batalla de Pichincha (24 de mayo de 1822), Sucre llegó a Lima el 10 de mayo de 1823 y el 30 de mayo siguiente fue nombrado comandante del Ejército Unido. A pesar de los primeros reveses como en Zepita, será el gran vencedor de Junín (6 de agosto de 1824) y Ayacucho (9 de diciembre), lo que le valió el título de gran mariscal de Ayacucho. Fue el mismo Bolívar quien escribió: “El general Sucre es el padre de Ayacucho, el redentor de los hijos del Sol; es el que ha roto las cadenas con que envolvió Pizarro el imperio de los Incas. La posteridad representará a Sucre con un pie en Pichincha y el otro en el Potosí, llevando en sus manos la cuna”.

En abril de 1826 se reunió en Chuquisaca el primer Congreso Constituyente de Bolivia que eligió a Sucre como presidente vitalicio, cargo que aceptó sólo por dos años. El mariscal de Ayacucho trató de gobernar Bolivia mientras el Libertador trataba de redactar su famosa Constitución. Organizó la Hacienda Pública y la Administración; trató de liberar a los esclavos y de repartir la tierra, y mejoró la educación, creando numerosos colegios. La anarquía política y militar se apoderó de Bolivia y surgió el motín militar de Chuquisaca (18 de abril de 1828) en el que Sucre resultó herido en el brazo derecho y hecho prisionero. Fue rescatado por el general López, que vino a marchas forzadas desde Potosí.

 Sucre pensó que era hora de ocuparse de su propia vida y así envió poder para contraer matrimonio en Quito con Mariana Carcelán y Larrea, marquesa de Solanda (20 de abril). Presentó su renuncia a la presidencia y antes de abandonar Bolivia envió al congreso extraordinario de 1828 un magnífico mensaje, en el que renunciaba a todas las prerrogativas que le concedía la constitución de eximirle de toda responsabilidad en los actos de gobierno. En agosto emprendió viaje a la capital ecuatoriana, donde estableció su hogar. Ocupó su tiempo en la administración de los bienes de su esposa y en el estudio. El sosiego duró poco, pues en 1829 la República de Colombia requirió sus servicios militares para enfrentar la ofensiva peruana en el sur del Ecuador. Triunfó en Tarqui (27 de febrero) contra el general La Mar, firmando una capitulación honrosa para los vencidos. El 10 de julio del mismo año nació su hija Teresita (en 1826 había nacido su hijo natural José María que tuvo en Rosalía Cortés).

Tras su apoyo para evitar la secesión de Venezuela de la Gran Colombia, volvió a Bogotá, en tiempos en que la confederación de la Gran Colombia empezaba a saltar por los aires. Se dirigió a Quito para unirse con su familia y fue asesinado misteriosamente en la montaña de Berruecos (en Pasto, al sur de Colombia) el 4 de junio de 1830.

En tan solo 35 años de vida, logró madurez plena. Su limpieza de vida y conducta ejemplar era trasunto de nobles pensamientos: “Tal vez puedo errar yo mi concepto, pero desde ahora aseguraría que los que se quejan o son hombres viciosos o son turbulentos o no son patriotas (…) Ningún mensaje más agradable para un americano, que aquel cuyo objeto sea estrechar relaciones de pueblos hermanos que, iguales en las desgracias y en la esclavitud, son llamados por la naturaleza a identificar su causa, su independencia, su gloria. Nada es más importante que la tranquilidad interior.”

Bolívar no ahorra alabanzas a su persona, llegando a exclamar cuando se enteró de su muerte: ¡Santo Dios! ¡Se ha derramado la sangre de Abel! La bala cruel que te hirió el corazón mató a Colombia y me quitó la vida. Para tu gloria lo tienes todo ya; lo que te falta sólo a Dios le corresponde darlo”. Sus restos descansan en la Catedral Metropolitana de Quito, capital de Ecuador.

Foto del autor de esta sección y artículo: Doctor e historiador José Antonio Benito Rodríguez.

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