José Antonio Benito

Viviendo el 52º Congreso Eucarístico Internacional en Budapest, por José Antonio Benito

Viviendo el 52º Congreso Eucarístico Internacional en Budapest, por José Antonio Benito

Por José Antonio Benito. Comencemos recordando el hermoso y rotundo saludo eucarístico: ¡Sea por siempre bendito y alabado, mi Jesús Sacramentado!, como pórtico de nuestra nota sobre el mundial católico sobre la Eucaristía, que ahora toca en Hungría, en su número 52, y que cuenta como representantes del Perú a Monseñor Gerardo Zerdin, obispo del vicariato de San Ramón, y el P. Lajos Finta, misionero de nacionalidad húngara y presente en el mismo vicariato de nuestra selva central.

Historia de 52 congresos mundiales

Los primeros Congresos Eucarísticos fueron inspirados por la fe viva en la presencia real de la persona de Jesucristo en el Sacramento de la Eucaristía. Por consiguiente, el culto eucarístico se expresaba particularmente en la adoración solemne y en grandes procesiones que manifestaban el triunfo de la Eucaristía.  Existe un Comité Pontificio para los Congresos Eucarísticos Internacionales quien se responsabiliza de su organización. En su página web (https://www.vatican.va/roman_curia/pont_committees/eucharist-congr/index_sp.htm) se da cuenta de su historia.

Tuvieron su origen en Francia en la segunda mitad del siglo XIX, gracias a la iniciativa de la Srta. Emilia Tamisier (1834-1910), quien siguiendo la inspiración de San Pedro Julián Eymard (1811-1868), llamado el “Apóstol de la Eucaristía” tomó la iniciativa de organizar, con la ayuda de otros laicos, sacerdotes y obispos, y con la bendición del Papa León XIII, el primer Congreso Eucarístico Internacional en Lille. Su tema fue “La Eucaristía salva el mundo” y tenía como objetivo la renovación de la fe en Cristo, presente en la Eucaristía, como remedio a la ignorancia e indiferencia religiosa. Los catorce primeros fueron convocados por León XIII, desde el 15 al 25 por San Pío X.  A la luz de los decretos de San Pío X sobre la comunión frecuente Sacra Tridentina Synodus (1905) y sobre la comunión de los niños Quam singularis (1910), en la preparación y celebración de los Congresos se promovían la comunión frecuente de los adultos y la primera comunión de los niños. Los primeros 24 Congresos Eucarísticos Internacionales no tuvieron un tema general. Fueron sobre todo los Congresos de las “Obras Eucarísticas”. Trataron del culto de la adoración, de la procesión, de la sagrada comunión (particularmente de los niños), del Sacrificio de  la Misa, de las asociaciones y de los Movimientos eucarísticos.

Con el Pontificado de Pío XI los Congresos Eucarísticos desplegaron su carácter internacional, en el sentido de que comenzaron a celebrarse por turno en todos los continentes, adquiriendo una dimensión misionera e de “re-evangelización” (expresión empleada en la preparación capilar del Congreso de Manila en 1937).

Desde el 37° Congreso celebrado en Mónaco en 1960, los Congresos Eucarísticos Internacionales se llamaron STATI ORBIS (propuesta del liturgista Josef Jungmann, SJ), con la celebración de la Eucaristía como centro y vértice culminante de todas las diversas manifestaciones y formas de devoción eucarística. 

Después, el Concilio Vaticano II, por medio de la Constitución Sacrosanctum Concilium  en 1963, la Instrucción  Eucharisticum mysterium  de 1967 (n.67) y de manera particular el Ritual Romano De sacra communione et de cultu mysterii eucaristici extra Missam  de 1973 (nn. 109-112), delinean la nueva imagen e indican los criterios para la preparación y celebración de los congresos eucarísticos, que desde aquel momento en adelante estarán abiertos a los problemas del mundo contemporáneo, al ecumenismo y también, en la preparación, al diálogo inter-religioso.

Los del Tercer Milenio se han celebrado en Roma (2000), con el título “Jesucristo único Salvador del mundo, Pan para la vida nueva”, número 47; en Guadalajara (México, 2004) “La Eucaristia, luz  y vida del nuevo milenio”, número 48; Quebec (Canadá, 2008) “La Eucaristía, don de Dios para la vida del mundo”, número 49;  Dublín (Irlanda, 2012), “La Eucaristía: Comunión con Cristo y entre nosotros”, número 50; Cebú (Filipinas, 2016), “Cristo en ti, Nuestra Esperanza de Gloria”, número 51; el presente, número 52, en Budapest (Hungría, 2021) y el próximo, número 53, en Quito (Ecuador), año 2024.

Budapest, capital mundial eucarística

La semana del 5 al 12 de septiembre, la capital eucarística mundial será Budapest, a orillas del Danubio, capital húngara, que acoge el 52º Congreso Eucarístico Internacional, aplazado por la covid-19 desde el año pasado. Con el lema “Todas mis fuentes están en Ti”, obispos de todo el mundo, sacerdotes, religiosos, laicos, estudiarán, celebrarán y, sobre todo, adorarán al Santísimo Sacramento en la Eucaristía. El evento contará con la presencia del Santo Padre Francisco, quien presidirá la misa de clausura en la Plaza de los Héroes de la capital.

Hungría tiene una población de 9.8 millones de personas, el 62% de las cuales son católicas. El país, que limita con Austria, Serbia, Croacia, Eslovenia, Rumania, Ucrania y Eslovaquia, acogió por última vez el Congreso Eucarístico en 1938.

Más de 25 cardenales y obispos participarán en la semana de eventos en la sede principal del congreso: el Centro de Congresos y Exposiciones Hungexpo Budapest. Destaca la presencia del Cardenal Robert Sarah quien celebrará la Misa en la Iglesia de los Santos Ángeles en Gazdagrét el 8 de septiembre y el Cardenal Jean-Claude Hollerich de Luxemburgo el 10 de septiembre.

El programa también incluye oradores católicos laicos como Mary Healy, profesora de Escritura en el Seminario Mayor del Sagrado Corazón en Detroit, y Barbara Heil, madre estadounidense de ocho hijos que se convirtió al catolicismo después de servir como misionera evangélica en 55 países.

Entre sus liturgias diarias, el congreso también contará con una Misa en Lovari, un idioma hablado por el pueblo romaní en Hungría, que se ofrecerá el 9 de septiembre en el centro Hungexpo. El sábado 11 de septiembre, el Cardenal Péter Erdő de Esztergom-Budapest ofrecerá una Misa en la plaza Kossuth, donde se encuentra el edificio del Parlamento húngaro, seguida de una procesión a la luz de las velas hasta la Plaza de los Héroes.

“La Eucaristía es como el repique de campanas”

En las palabras de bienvenida el cardenal Péter Erdő, primado de Hungría, pidió que “el Señor nos conceda poder sentir en estos días que Cristo está con nosotros en la Eucaristía. No deja solos a la Iglesia, a los pueblos y a la humanidad. Recordemos que estuvo en el Perú como representante del Vaticano ante los problemas suscitados por la identidad católica de la PUCP.

En su homilía de la misa celebrada en la Plaza de los Héroes de Budapest, el cardenal Angelo Bagnasco, presidente del Consejo de Conferencias Episcopales Europeas, dejó que su texto se leyera en húngaro. “La Eucaristía -dijo Bagnasco- va más allá de toda soledad, de toda distancia y de toda indiferencia”. El cardenal recuerda las campanas tocando festivamente, “formando un coro que quiere abrazar a toda la humanidad”. Desde este púlpito ideal, la voz de los Pastores, la voz de esta conmovedora asamblea, quiere llamar – humilde y alegremente – al corazón de los pueblos de Europa, y llegar más allá hasta los puntos más remotos de la tierra. Una voz “débil, pero que se hace eco de la de los siglos y está marcada por la sangre de los mártires”, de la que toma fuerza para anunciar a Jesús y recordar que “a pesar de las limitaciones y las sombras de sus hijos, la luz de Cristo resplandece en la Iglesia”.

Esa voz, “como una vela desplegada por el soplo del Espíritu”, dice una gran verdad al hombre de hoy: No estás solo en un universo hostil, no estás solo ante el maravilloso misterio de la vida, no estás solo con tu sed de libertad y eternidad. Estés donde estés, no eres invisible, Dios te mira con amor; no eres huérfano, Dios es tu Padre; vales la sangre de Jesús, Redentor del mundo y Pan de vida eterna. No tengáis miedo: Dios no está muerto, la Eucaristía supera toda soledad, toda distancia, toda indiferencia.

Y así, esa misma voz asegura que la Iglesia está llamada a no callar, a no reducirse al silencio, sino a “dar al rostro de todo hombre el esplendor de Cristo resucitado”.

Mirando a los niños de Primera Comunión y Confirmación, el cardenal Bagnasco recuerda la sencillez de sus corazones que acogen a Jesús, un amigo que no traiciona. A los jóvenes de las escuelas católicas les dice que la fe y la razón van juntas y que “Dios no es un competidor de vuestra libertad, y la fe no es una serie de prohibiciones, sino un gran sí a la alegría, incluso cuando es exigente porque el amor es algo serio”.

Recuerda: la Iglesia te necesita a ti, a tu juventud, a tu entusiasmo, y tú necesitas a Jesús. Todo envejece rápidamente, sólo Dios es siempre joven, y la Iglesia es la verdadera juventud del mundo porque conserva el sacramento del Cuerpo de Cristo. Que la Eucaristía sea el centro de tus días. De todos los días.

El cardenal Bagnasco se dirigió también a los sacerdotes, “centinelas de la mañana, presencia viva de la Iglesia Madre y Maestra”. La Iglesia les da las gracias porque son “heraldos del amor de Dios, profetas del Espíritu en un mercado de materia, herederos de una Tradición viva y heraldos del futuro en un mundo perdido”. “La Iglesia”, añade, “no os asegura la tranquilidad, sino que os repite con Cristo: ‘No tengáis miedo'”.

Finalmente, la invitación a los que sienten el peso de la Cruz, a los que lloran o son perseguidos por la justicia, a los que se sienten sin voz y sin patria, es que vuelvan a tener valor porque el Señor está presente en el corazón de los que se acercan a él. La Iglesia no tiene otro nombre que anunciar y adorar: Jesucristo. Recuerda: su rostro es el Evangelio, su presencia es la Eucaristía.

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