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100. José Domingo de La Mar y Cortázar, primer presidente constitucional del Perú

100. José Domingo de La Mar y Cortázar, primer presidente constitucional del Perú

Perú Católico, líder en noticias rumbo al Bicentenario de la Independencia. Este artículo es escrito por el Doctor e Historiador José Antonio Benito.

Se le considera como el primer presidente constitucional del Perú, luego de las elecciones de 1827, y de haber ostentado el alto mando de la nación  durante los años de 1822 a 1823, como Jefe de una Junta Gubernativa. Nació en Cuenca, Ecuador, 12 de mayo de 1776  y falleció en CartagoCosta Rica, 11 de octubre de 1830.

Sus padres fueron el vizcaíno Marcos La Mar Migura, administrador de las Cajas Reales de Guayaquil y Cuenca, y la dama guayaquileña Josefa Paula Cortázar y Lavayen, hermana del obispo de Cuenca y gobernador de Jaén de Bracamoros, respectivamente. A los 2 años de edad fue enviado a España en compañía de su tío, Francisco Cortázar y Lavayen, y estudió en el Colegio de Nobles de Madrid. Allí transcurrió el resto de su infancia y su juventud. Militar de profesión, participó después en diversas acciones militares contra la Francia revolucionaria y napoleónica. Combatió en la defensa de Zaragoza -resultando herido- a las órdenes del célebre general José de Palafox (18081809). De nuevo contra los franceses resultó herido en 1812, fue apresado y confinado en el castillo de Semur (Borgoña), donde se dedicó a estudiar a los clásicos de la cultura francesa. Valiente y aventurero, logró escapar y el rey Fernando VII le premia enviándolo a Lima como Subinspector general del Virreinato del Perú, anejo al cual estaba la gobernación de la Fortaleza del Real Felipe del Callao, bajo las órdenes del virrey Abascal en 1816.

Este gobernante fue sustituido por Joaquín de la Pezuela, con quien La Mar trabó buenas relaciones. Su defensa del Real Felipe frente a la conspiración de julio de 1818 y las amenazas en 1819 por parte de Thomas Cochrane le vale el ascenso como mariscal de campo. De igual manera rechaza el intento de bloqueo de la Escuadra Libertadora desde octubre de 1820. En el motín de Aznapuquio en el que los oficiales españoles derrocaron al virrey Pezuela, por su elevado grado le habría correspondido ser elegido para reemplazarlo en lugar de José de la Serna (enero de 1821).

Tras el desembarco de San Martín y el avance de los patriotas hacia Lima, La Serna y los realistas abandonaron la capital el 6 de junio de 1821, quedando La Mar con la orden de continuar con la defensa de la Fortaleza del Callao. Sitiado por mar y por tierra, La Mar rechazó todos los ataques patriotas, hasta que llegó el general realista José de Canterac, quien acampó en el Callao y apoyó con provisiones a La Mar, antes de retornar a la sierra. En este momento, sucede uno de los acontecimientos más inesperados y sorprendentes, y que La Mar, sin alimentos ni armas, a lo que naturalmente se sumaría sus sentimientos de criollo y su vieja amistad con San Martín (a quien conocía desde los días de la guerra de la independencia española), se rindió el 19 de septiembre de 1821, entregando el Real Felipe a los patriotas, incorporándose a las fuerzas patriotas. San Martín lo acoge como General de División y permite a sus soldados reagruparse con los batallones acantonados en la sierra, dejar el Perú en un plazo máximo de hasta cuatro meses, respetando todas sus propiedades y concediendo una especie de amnistía a quienes se pasarán al ejército patriota.

La Mar viajó a la ciudad de Guayaquil a visitar a su familia y, estando allí, la Junta de Guayaquil, lo nombró en enero de 1822 Comandante General de la provincia. Desde este cargo consiguió la capitulación del comandante realista Villegas, así como la entrega de las fragatas “Prueba” y “Venganza” y de la corbeta “Alejandro”, que puso a disposición del gobierno peruano. En premio a tales servicios, el Supremo Delegado Torre Tagle lo reconoció como Gran Mariscal , aunque Guayaquil, fue anexionada por Simón Bolívar a la Gran Colombia.

Elegido diputado por el departamento de Puno,La Mar concurrió a la instalación del Primer Congreso Constituyente del Perú el 20 de septiembre de 1822; y al día siguiente fue elevado a la Presidencia de la Suprema Junta Gubernativa del Perú. Su talante conciliador fue interpretado por los opositores como negligente frente a los realistas y el 26 de febrero de 1823, los generales del ejército acantonados en las cercanías de Lima -en el denominado “Motín de Balconcillo“- lo deponen y en su lugar designan a José de la Riva Agüero.

Puesto en libertad, La Mar se dirigió a Chile y después a Guayaquil, donde contrajo matrimonio con doña Josefa Rocafuerte, hermana de Vicente Rocafuerte, futuro Presidente de Ecuador. Simón Bolívar lo convocó y nombró General en Jefe de la División Peruana del Ejército Unido Libertador del Perú (26 de enero de 1824), con la misión de reorganizar las fuerzas patriotas en Trujillo. Convenció a Sucre a dar la batalla de Ayacucho (9 de diciembre de 1824), donde su división (Legión Peruana), a pesar del fuerte ataque realista, decidió el triunfo patriota. R. Vargas Ugarte comparte la comunicación del obispo de Cuzco José Calixto Orihuela (3 de febrero de 1825) según la cual el Mariscal La Mar “se postró a los pies de la Inmaculada, en el templo de Quinua, en esa llanura que, reviviendo sus mejores tiempos, mira con reverencia a este Campo Eucarístico, y encomendó con fe la causa de los patriotas a la Virgen María en el misterio de su Inmaculada Concepción, haciendo en el instante voto de hacer pública esta promesa y de hacer celebrar en honor de María una solemne Misa si la causa de la libertad quedase asegurada…El Ejército libertado cumplió con el voto hecho en el campo de batalla, en la pampa de Quinua, haciendo celebrar una misa solemne en la ciudad del Cuzco”.

En premio a su actuación se le entregó la hacienda Ocucaje, pero La Mar no la aceptó y la devolvió a su dueño. Aceptó, en cambio, integrar el Consejo de Gobierno constituido por Bolívar el 24 de febrero de 1825 para hacerse cargo del poder ejecutivo durante la estadía del Libertador en el Alto Perú. Cuando el Libertador volvió a Lima el 10 de febrero de 1826, La Mar le presentó su renuncia, que aquel se negó a admitir, concediéndole solo una licencia temporal por motivo de salud (al parecer sufría de un mal hepático). En uso de aquella licencia, el día 25 de febrero La Mar dejó la presidencia del Consejo en manos de Hipólito Unanue y se retiró a Guayaquil, desde donde insistió en su renuncia total, a tal punto que Bolívar se la aceptó por Decreto del 8 de junio, nombrando en su reemplazo al mariscal Andrés de Santa Cruz.

En ese momento murió su esposa doña Josefa Rocafuerte y se estableció en la hacienda que una hermana suya tenía en Bujío, con ánimo de alejarse de la vida política.

Tras el fin de la influencia bolivariana en el Perú, el 28 de febrero de 1827 se convocó las elecciones para el Congreso. La Mar fue elegido diputado por Huaylas y se preparó para volver a Lima. Pero sucedió entonces que una entusiasta población guayaquileña, enterada del retiro de las tropas grancolombianas del Perú, lo obligó prácticamente a asumir el mando como Jefe Político y Militar de la plaza de Guayaquil. Poco después recibió la noticia de su nombramiento por el Congreso de la República del Perú como Presidente Constitucional de la República (9 de junio de 1827). Su elección había sido impulsada por Francisco Xavier de Luna Pizarro, quien veía en La Mar un militar idóneo para el gobierno republicano, por ser una persona desafecta al militarismo y al caudillaje, asumiendo el mando el 22 de agosto .

Lógicamente, pronto aparecen grandes opositores los militares Agustín Gamarra, Antonio Gutiérrez de la Fuente y Andrés de Santa Cruz, quienes formaron una especie de triunvirato, trabajando mancomunadamente por la caída del Presidente. Además, tuvo que enfrentar la sublevación de los indígenas realistas de Iquicha, en la provincia de Huanta.

Las medidas más importantes de su gobierno serán el acometer un primer esbozo de Presupuesto por parte del ministerio de Hacienda, la promulgación de la Constitución liberal de 1828 y la ocupación de Bolivia seguida del Tratado de Piquiza . por el que se eliminaba un peligroso frente en la guerra inminente con la Gran Colombia. De todos modos no fue posible y su derrota será la excusa para el golpe militar y derrocamiento en junio de 1829. Gamarra, ya asentado en el poder, arregló un armisticio con la Gran Colombia y finalmente firmó el Tratado de Paz con dicho país.

La nave llevando al mandatario derrocado arribó a Puntarenas el día 23 de junio de 1829. De inmediato La Mar pasó a San José de Costa Rica donde fue recibido con honores y desde donde dirigió un oficio al Congreso del Perú, exponiéndole los atropellos y vejámenes a los que había sido víctima por obra de los golpistas. Luego se trasladó a Cartago donde fijo su residencia. Viudo y sin hijos, con la salud precaria y sin tener a ningún familiar cerca, el abatimiento le fue minando más que la edad. Envió poder para casarse con su sobrina carnal doña Ángela Elizalde, quien viajó en vano a reencontrarse con La Mar. El ilustre militar peruano expiró el 11 de octubre de 1830 en la ciudad de Cartago, a los 54 años de edad, sumido en la más negra melancolía; poco después morirán Sucre y Bolívar. Sus restos serán depositados en 1847 en el Cementerio General con todos los honores en tiempos del gobierno de Ramón Castilla.

https://dbe.rah.es/biografias/15515/jose-domingo-de-la-mar-y-cortazar

Foto del autor de esta sección y artículo: Doctor e historiador José Antonio Benito Rodríguez.

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